Muchas veces, nos vemos en situaciones de la vida en las que nos tiran una piedra. Y nosotros, el vez de ignorarla, o intentar apartarla de nuestro camino... la devolvemos.
Entonces, empezamos a formar parte de un juego. Un juego que consiste en tirar la piedra, tirarla cada vez más fuerte hasta que duela. Hasta dañar al contrario, hasta conseguir que quede herido y que se retire.
Estamos tan metidos en ése juego, que no somos capaces de distinguir a ese contrario, a ése, que antes de ser nuestro rival era una persona importante dentro de nosotros. Alguien especial.
No somos capaces de dejar la piedra a un lado, y de curar todas las heridas que nosotros mismos hemos causado: pues el orgullo puede más que nosotros.
¿Cuántos juegos de piedras han convertido a amigos en rivales? ¿Cuántos de esos juegos de piedras podríamos haber prevenido?
Lo mejor, es que aún estamos a tiempo de prevenir esos juegos de piedras que están por venir.
Estamos a tiempo de esquivarla, ir hacia nuestro rival y pedir perdón.
Estamos a tiempo de ser los primeros en dar el paso, y no esperar a que nuestro rival venga y nos diga lo siento.
Estamos a tiempo de dejar atrás el orgullo, y de darnos cuenta que hay algo más importante: la amistad.

Ya ves, ojalá todo fuera más fácil y esas dos personas, esos dos amigos, volvieran a estar tan unidos como lo estuvieron siempre. Tan solo un fallo... y ya el otro no está. :(
ResponderEliminarEspero que eso no pase entre nosotras,
te quiero <3
Sí amor, tienes toda la razón. Por no pararnos a pensar de la forma correcta, o no mirar atrás.
ResponderEliminarSabes? creo que no, que nosotras sabemos pedir perdón sin que el orgullo se interponga entre las dos.
Y yo a ti (L).