Dicen que echarse la soga al cuello es de cobardes, aunque sinceramente, yo creo que es uno de los gestos más valientes que puedan existir.
Pues imaginate, sólo estás a un brusco y sencillo movimiento para que tu corazón deje de latir. Y conlleva a una gran valentía.
Es un acto breve, pero deja marca y una huella imborrable.
Tú lo hiciste, pero sé que no pensabas hacerlo, sé que no estuviste noche tras noche planteándote el hecho de si querías seguir o no con tu vida. Estoy segura, y hasta que te vea y me convezcas de lo contrario, no cambiaré de opinión.
¿Sabes? Cuando pienso en tí, me acuerdo de mi infancia. Pienso en tu inconfundible olor: esa mezcla a colonia y al humo de cigarros que indicaba que estabas cerca. Pienso en lo molestoso que eras. En todas las veces que me saludabas con un: hola fea y yo te respondía con una sonrisa, o una carcajada.
Me acuerdo de lo bien que sabías mentir, o de lo fácil que te resultaba engañarme.
Me acuerdo de la forma en la que sacabas la lengua y apretabas los dientes contra ella fingiendo que estabas enfadado, recuerdo que a veces llegué a pensar que estabas enfadado de verdad.
Recuerdo todos esos viajes, esas semanas en el sur, o esas noches en las que comíamos perritos calientes en el patio de mi casa. Recuerdo años y años de mi vida en los que apareces tú.
Me acuerdo de las veces que, en candelaria, llegué a mirar al frente y ver una sombra negra que probablemente estuviese fumando.
Recuerdo un simpático y peculiar grito que decía: Salina. Y la respuesta... un silbido, o una mano que se movía de un lado para otro.
Me acuerdo de un furgón que no paraba quieto, y del hombre trabajador y luchador que lo conducía.
Me acuerdo de que te encantaba el café, y que, de hecho, decías que siempre había tiempo para tomarse uno.
Recuerdo tu risa, y la forma en la que te preocupabas por los demás.
Y es que, te recuerdo tanto, que creo que no ha pasado un sólo día en el que te lanze un beso al cielo, o en el que siga creyendo que todo es mentira. Porque te echo de menos.
Y no sólo yo, sino muchisimas personas que alomejor, nunca hubieses imaginado.
La vida aquí es difícil sin tí, sin tu presencia, pero confío en que de alguna manera u otra, nos trasmitas la fuerza necesaria para seguir adelante.
Para mí también es difícil, y hay momentos en los que llego a derrumbarme, pero soy consciente de que tengo que mantenerme en pie y transmitir sonrisas a otros para que no sigan lamentándose y para que consigan seguir adelante.
Hay días en los que me invaden las preguntas, y con ellas, las lágrimas... pero sé que lo hiciste porque pensaste con la cabeza y no con el corazón; o más bien, dejaste que lo que se te subió a la cabeza pensara por ti y sólo te dejaste llevar.
Lo sé, lo intuyo.
Porque si supieras todas las casas que derrumbaste, una en especial sí, pero si supieras todas las lágrimas que caen día tras día por ti. Si hubieses sido consciente de todo lo que dejabas atrás no lo hubieses hecho.
Aun así, lo respeto, y por tí, intentaré que tu familia salga del hoyo en el que está metida y que muestren una sonrisa que salga desde el interior.
Sólo te pido una cosa, dondequiera que estés: protégenos y ayúdanos a continuar.
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