Perdemos dudas, vergüenza, objetos, esperiencia, fuerza, amores, amigos, familia...
Pero sobretodo, perdemos años, perdemos tiempo, perdemos vida.
Perdemos por dejar perder. El vez de procurar y de no malgastar lo que tenemos, nos dejamos llevar y lo perdemos todo.
Por qué dejamos perder a los amigos? a la familia?
Ellos, son lo más valioso que tenemos. Son los que nos demuestran el cariño, el respeto, y lo que nos hace falta para continuar.
Ellos son el motivo por el que deberíamos levantarnos cada mañana y luchar como nunca, porque sin duda alguna, ellos lo hacen por nosotros.
De ellos hemos aprendido, hemos sabido actuar y hemos cogido ejemplo.
Gracias a ellos somos quién somos y se merecen algo más que una pérdida por nuestra parte.
Malgastamos el tiempo perdiendo amigos que un día lo fueron todo, malgastamos tiempo discutiendo por temas que no se lo merecen.
Malgastamos de todo, sin pensar en el mañana, sin pensar que en un futuro nos arrepentiremos de aquellos momentos que no pasamos a su lado, nos arrepentiremos de lo que hicimos, de las equivocaciones.
Malgastamos de todo, sin pensar en el mañana, sin pensar que en un futuro nos arrepentiremos de aquellos momentos que no pasamos a su lado, nos arrepentiremos de lo que hicimos, de las equivocaciones.
Y entonces, lloraremos por las verdaderas pérdidas, esas en las que aparece el alma y se va para siempre.
Sería irrecuperable.
Ahí es cuando nos damos cuenta de lo que significa la palabra perder. Perder de verdad y no por nuestra cuenta, por nuestra absurda decisión.
En ése momento, todo queda atrás, convirtiéndose en un triste pasado.
Un pasado que nunca volverá.
Piénsalo bien, puede que todavía tengas suerte, y todavía puedas dedicar un perdón.
Es mejor opción que la de perder una amistad para siempre.

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